Los dardos envenenados de la renuncia del secretario de la SHCP

Los dardos envenenados de la renuncia del secretario de la SHCP

 

Por: Rubén Ortínez

El Dr. Carlos Urzúa, exsecretario de Hacienda y Crédito Público, considerado por los mercados financieros como una persona inteligente, analítico, académico, estudioso, y responsable deja a la 4T dardos envenenados que exhiben como se aplican las decisiones en cuestión financiera del nuevo gobierno.

El primer dardo de su carta de renuncia indica que uno de los motivos fue que la toma decisiones de Estado se llevan a cabo sin base en evidencia empírica tal como indicadores, estadísticas, pronosticadores de crecimiento y una visión pragmática sobre la realidad nacional.

Otro dardo es el desprecio por el conocimiento al dejar claro que se contrataron funcionarios que no tienen la mínima idea de lo que es la administración pública.

Es evidente que, la decisión de no incrementar los impuestos contradice la evidencia de que es indispensable una mayor recaudación para abatir la desigualdad y la pobreza.

Otro dardo de la renuncia de Urzúa es una excesiva centralización del poder en manos del ejecutivo.

La centralización del poder   conlleva una disfunción en las labores de gobierno, pues los funcionarios se han convertido en meros ejecutantes de las decisiones del Ejecutivo.

El desprecio por la evidencia, como se lee en la carta de Urzúa, supone riesgos mayores para la viabilidad del país y el combate contra los grandes problemas que aquejan a la nación.

El  rápido reemplazo de Urzúa por su subsecretario, Arturo Herrera, ha evitado que se produzcan más daños.

Sin embargo, el presidente debe escuchar los consejos de Herrera y le debe dar la libertad para restablecer la credibilidad en los mercados.

No olvidemos que el nuevo secretario recomendó este año, que el proyecto de la refinería de Pemex podría retrasarse por razones financieras.

El nuevo secretario se pondrá a prueba cuando presente el plan de negocios de Pemex y cuando presente el borrador del presupuesto para 2020.

En caso de que estos dos exámenes indiquen que habrá más desviaciones de las realidades económicas, los mercados financieros no perdonarán y las calificadoras internacionales se pronunciaran poniendo en riesgo la calificación soberana.