Gotas de felicidad

   P. Ranulfo Rojas Bretón

La vida nos da tantas oportunidades para convivir y para disfrutar que a veces ocupados en cosas tal vez no tan importantes pero que ocupan nuestros pensamientos de pronto dejamos pasar. Hace días una fuerte lluvia en este raro tiempo que nos ha tocado,  fue tan fuerte que se nubló todo, incluso el manejar fue muy complicado, la lluvia duró varios minutos, especialmente en la zona por donde circulaba, pero de repente en la lejanía apareció un impresionante arcoíris, muy definido que se convirtió en un espectáculo digno de admirarse. El recorrido cambió, ahora una sonrisa apareció en mis labios porque el paisaje que por cierto seguía siendo raro, porque había lluvia y sol, cambió radicalmente, y como para no terminar de sorprender, apareció un segundo arcoíris un poco más alto que el primero, éste sí, un poco menos definido en sus colores pero igual se apreciaba hermoso.

La contemplación de dicho fenómeno, se convierte en un  regalo de Dios que nos recuerda siempre su presencia. Cada que veo el arcoíris me llega a la mente el pasaje del Génesis cuando después del diluvio universal, una vez que Noé y su familia realizan un sacrificio de gratitud, Dios hace aparecer el arcoíris y deja muy en claro al hombre: “El arcoíris será la señal que me recordará  la alianza hecha con el hombre de no volver a destruirlo”. Además de la belleza que de por sí ya es el arcoíris, el recuerdo de ese momento inicial en el que Dios renueva la alianza de velar por el hombre es un signo del amor de Dios presente en nuestro mundo.

Cierto que siempre hay motivos de dolor, y especialmente cuando le toca a uno sufrir, tiene uno la tentación de renegar de lo que nos pasa, hay enfermedad, hay problemas económicos, dolor y muerte y en situaciones como éstas es difícil mantener la paz, sin embargo, de muchas maneras Dios nos hace recordar que su presencia estará siempre con nosotros y frecuentemente nos da esas gotas de felicidad que son una anticipación de la felicidad eterna. Obvio que en esta vida no se puede tener la felicidad total y que apenas se dan pequeñas experiencias que nos hacen felices, pero efectivamente esas pequeñas gotas son las que alimentan nuestro espíritu y nos hace tomar conciencia de que sea cual sea nuestra situación en realidad no estamos solos y que el dolor que estamos sufriendo es momentáneo y se puede soportar con la fuerza de esas experiencias de felicidad.

Es algo así como Jesús dice respecto al dolor de parto de una madre, a pesar de los dolores intensos que sufre todo desaparece por la alegría de tener en sus brazos una nueva vida. De igual manera nos pasa, podemos sufrir y nos puede doler lo que nos pasa, pero esas pequeñas gotas de felicidad que nos hace experimentar pueden borrar el dolor y el sufrimiento.

Las gotas de felicidad son todas esas experiencias que nos hacen sonreír, por ejemplo, el encuentro con personas queridas, el disfrute de compartir con la familia, una meta alcanzada como lo han hecho quienes se han graduado y así podemos citar momento incluso los vividos en la naturaleza como el arcoíris que he mencionado. Yo creo que momentos de felicidad son como ese bálsamo necesario para calmar el dolor que a veces nos daña y que esas gotitas renuevan nuestra esperanza de que no todo es malo y de que hay razones para creer.  Me parece que ante tanta situación negativa, esas gotitas son luces de esperanza y motivos para renovar nuestra fe y con una sonrisa en los labios seguir caminando porque tenemos conciencia de que Dios nos lleva de la mano.

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