Adiós INEE, adiós

Por: Abelardo Carro Nava

 

 

Desde que empezó su carrera rumbo a la Presidencia de la República, Andrés Manuel López Obrador, manifestó con claridad, su inquebrantable deseo de echar abajo la mal llamada reforma educativa que impulsó Peña Nieto. De hecho, en una de esas reuniones en las que por primera vez se reunieron el presidente en funciones (y su gabinete) y el Presidente Electo (y su respectivo equipo de trabajo), el tabasqueño, reafirmó su intención de cancelar una de las reformas de mayor “envergadura” del peñismo en México (La Jornada, 20/08/2018).

Sí, así lo mencionó López Obrador, y así lo ha venido mencionando en estos días, justamente cuando el escenario político nacional está más que “calientito” por la cancelación del Nuevo Aeropuerto Internacional de la Cuidad de México (NAICM). De hecho, los legisladores ya han dado una muestra de las intenciones educativas de quien, a partir del 1º de diciembre de este año, ocupará la silla que hace unas cuantas décadas ocupó Benito Juárez.

Exhortos para que se suspenda la evaluación docente de este año, con miras a las modificaciones que podría sufrir la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos en lo concerniente al artículo 3º y 73º, lo relativo a las leyes reglamentarias en la Ley General de Educación (LGE) y del Servicio Profesional Docente (LSPD), y las que tocan al Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación (INEE), han sido pequeñas muestras que, desde mi perspectiva, tuvieron un doble propósito, medir el terreno que estaban por pisar los “morenistas”, y valorar la decisión que, como he dicho, tomará el Presidente Electo a partir del 1º de diciembre: la cancelación definitiva de la mal llamada reforma educativa.

En este sentido, y para entrar en materia, si analizamos con detenimiento estas pequeñas señales que ha mandado Obrador y compañía, afirmar que el INEE, así tal cual lo conocemos, está viviendo sus últimos días, no es nada aventurado. Dos hechos que le expongo para sustentar esta afirmación son los siguientes: el mensaje que mandó Obrador al cancelar el NAICM (aquí mando yo), y los exhortos que aprobaron en ambas cámaras los legisladores para cancelar la evaluación docente en este año (y en lo sucesivo).

Al respecto debo señalar, que si bien es cierto que el INEE no “nació” con la reforma que impulsó el Peñismo (puesto que éste ya existía desde el 2002); su papel en medio de la implementación de esa reforma, logró acumular un profundo rechazo por parte de la mayoría del magisterio mexicano. Ello me lleva a plantear que, políticamente, no es del interés del gobierno entrante continuar con una política que trastocó profundamente los intereses y derechos laborales de los maestros y maestras de México (bastión importante para él dadas las elecciones del pasado 1º de julio); además de que, ante ese claro mensaje que envío Obrador al poder económico (aquí mando yo), también puede leerse y entenderse, que hay un mensaje similar para ciertos empresarios y ciertas organizaciones civiles como “Mexicanos Primero” que, dicho sea de paso, en esa implementación, jugaron un papel importante en la denostación de los maestros de México.

Así, repito, más allá del profundo debate que pueda desprenderse de la permanencia o no del INEE, y del cual ya he hablado en demasía en este y otros espacios, considero que este Instituto está viviendo sus últimos días.

Ahora bien, si de pequeñas muestras estamos hablando, basta con leer el comunicado que el INEE difundió el pasado 4 de noviembre (INEE, 04/11/2018), a través del cual, ese Instituto y el Centro de Investigación Avanzada en Educación, de la Universidad de Chile, pondrán en marcha un proyecto para observar la práctica docente en el aula. Al respecto, habría que preguntarse: ¿por qué hasta ahora el INEE pretende desarrollar un proyecto con tales características si, desde hace varios años, muchos colegas, profesores, académicos e investigadores de reconocido prestigio, pugnamos porque se realizara una serie de actividades de esa naturaleza?, ¿por qué hasta ahora los integrantes del INEE han virado el timón buscando estar del lado del que nunca estuvieron, el de los maestros, para realizar esquemas de evaluación que no respondieran a las exigencias políticas y neoliberales del gobierno en turno?, ¿por qué hasta ahora sus consejeros han cambiado su discurso con la finalidad de defender la autonomía de un Instituto que, por más que se diga lo contrario, no la tuvo durante poco más de tres años? Por qué, esa es la pregunta y esa es la respuesta…

Digo, pretender realizar una evaluación bajo otro enfoque no es malo; por el contrario, es bienvenida esa propuesta, lo malo del asunto es que, hasta estos días, en los que las cosas están color de hormiga para ellos (los del INEE), se pretende poner en marcha una idea que hasta hace unos años era más que pertinente, no sólo para los maestros de nuevo ingreso sino para todo el gremio, dado el conflicto que se vivía al interior del magisterio mexicano por la implementación de la mal llamada reforma educativa.

Esperemos que, en próximos días, las cosas tomen rumbo y dirección. Pensar en una evaluación docente cuya intencionalidad didáctica sea el eje que mueva la valoración del quehacer docente, no es malo; por el contrario, es algo que hemos propuesto a lo largo de estos años pero que, a la vista de las autoridades educativas y de los propios integrantes del INEE, no fueron visibles, viables ni pertinentes, obviamente, porque se tenía que llegar a la meta: evaluar a todos los maestros de México y… se equivocaron. Craso error del Instituto, craso error de sus consejeros, craso error de las autoridades educativas y del gobierno.

Al tiempo.

 

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