El paradigma de la austeridad del nuevo gobierno

Por: Ruben Ortínez

Tlaxcala, Tlax; 7 de enero de 2019 (Pulso) Este año nuevo, miles de trabajadores del gobierno de la Ciudad de México y de dependencias del gobierno federal no tendrán condiciones favorables para alcanzar sus propósitos, en virtud de que han sido despedidos y los que están todavía en sus centros de trabajo asisten apanicados por  las amenazas de despido masivo que pesan sobre ellos.

El radio pasillo entre compañeros, persiste con la pregunta, ¿Seremos despedidos? ¿Cuántos se irán esta quincena?, ¿Si me despiden  a mi edad nadie me va a contratar?

La cruda realidad es que los despidos ya comenzaron y no solo son funcionarios, también son  despedidos  los trabajadores “de abajo”.

Me queda claro que en cualquier empresa del sector privado, en múltiples ocasiones se deben asumir transformaciones y promover una cultura de adaptabilidad y aprendizaje ante situaciones de riesgo.

Sin embargo, en el sector público es muy común que esos cambios  se den sin un plan de trabajo que tenga como objetivo eficientizar y modernizar la administración pública, lo cual genera un mayor riesgo de parálisis.

En el sector privado en muchas ocasiones solo empiezan a gestionar el cambio cuando ya las ganancias disminuyen e incluso cuando empiezan a trabajar con números rojos.

Muchos de los  líderes del sector privado, están preparados para ofrecer soluciones rápidas a problemas que surgen en el momento, pero en el sector publico esa mentalidad no funciona porque los objetivos son de mediano y largo plazo.

En el sector público, se  tiene una perspectiva limitada a los aspectos estratégicos y financieros y se olvidan del factor humano.

En los cambios que se están dando con el nuevo gobierno, es fundamental valorar el capital humano con una visión a largo plazo, por ello es obligado contar con información honesta que permita evaluaciones claras sobre la marcha de la institución.

Un cambio en el sector público no solo implica correr gente, implica reorganizar el trabajo, alinear estos cambios con la visión y valores del nuevo gobierno convenciendo de ello a los empleados que se quedan y eso no es cosa menor.

El cambio debe ser analizado desde todos los puntos de vista: del individuo, del equipo, de la institución y de la sociedad.

En conclusión, el cambio de gobierno debe ser diagnosticado valorando no solo un plan de austeridad donde correr gente sea el objetivo principal.

En mi opinión, el cambio del nuevo gobierno, debe ser planteado para mejorar las fortalezas y abatir las debilidades de sus instituciones potenciando a sus empleados y sus servicios, en beneficio de la sociedad y no solo para cumplir un compromiso de campaña que solo nos lleve a la parálisis gubernamental.

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