De la tragedia al lucro político

 Abelardo Carro Nava

El pasado fin de semana, conocimos la terrible tragedia que sacudió a los habitantes de Oaxaca y Chiapas; esto, consecuencia del sismo que buena parte de los mexicanos sentimos la noche del 10 de septiembre. Como es de suponerse, los medios de comunicación se volcaron para difundir los lamentables acontecimientos, en los que varias personas, tristemente perdieron la vida.

Dolor, impotencia, frustración, pesar, fueron algunos de los sentimientos que varios sentimos al observar las imágenes que trasmitían en vivo las redes sociales y los aparatos televisivos. Y tales sentires no eran ni son para menos, pobladores de dos de los estados más desfavorecidos (en todos los sentidos), fueron los que de nueva cuenta se vieron afectados, ahora, por la propia naturaleza.

¿Cómo comprender que dados los avances tecnológicos que el mismo hombre ha creado no se haya podido evitar esta tragedia?, ¿cómo asimilar que en materia de prevención no se haya avanzado como debiera haberse avanzado en estas entidades de mi querida República Mexicana? Cierto, habrá quién me diga que ante los fenómenos de la naturaleza, como un temblor, poco puede hacerse, y es cierto. Sin embargo, ¿acaso no es una facultad exclusiva del gobierno (en sus distintos órdenes) diseñar y operar esquemas de prevención que aminoren las pérdidas humanas, por ejemplo?

Tengo claro, y repito, que ante los desastres naturales poco puede hacerse al respecto pero, una cosa es que éstos no avisen, y otra es que no se tomen o hayan tomado las medidas necesarias para evitar, no solo las afectaciones a los hogares de los pobladores, sino para proteger la vida de los seres humanos que, como usted, o como yo, padecemos los estragos que le hemos causado a nuestro medio ambiente.

Y en torno a ello, surge como algo indeseable y detestable, ese afán “protagonístico” que caracteriza a los políticos y a los partidos políticos mexicanos. Ahí tenemos a Yunes, por ejemplo. Gobernador de Veracruz que, en camionetas de su propio gobierno, con el lema “Yunete”, recaba víveres para enviarlas a las zonas más afectadas. ¿Estupidez sin conciencia o conciencia que raya en la estupidez? Es una buena pregunta que refleja el sentir de buena parte de los mexicanos que somos pensantes, que reflexionamos y que analizamos los distintos acontecimientos que se hacen latentes en nuestro país.

El apoyo, la ayuda, la cooperación, nunca está de más y éstas serán bien recibidas. México, el pueblo de México se ha caracterizado por ello, por ser solidario, fraterno. No obstante, las situaciones que conocemos como las que líneas atrás le planteo – porque las hemos vivido en carne propia, o porque las hemos conocido mediante los medios de comunicación –, han propiciado cierto fastidio e incredulidad para con los gobiernos y las instituciones.

¿Por qué no del dinero que se le va a destinar a los partidos políticos y a los políticos para las campañas que comenzarán en próximos meses, dada la contienda electoral que se avecina, se destina un porcentaje para ayudar a la gente de estos estados? Leía con atención en alguna parte de las redes sociales el pasado fin de semana. Interrogante que es harto válida y pertinente. O bien, ¿por qué en lugar de gastar tanto dinero en “spots” que difunden a diario los “logros” del presidente Peña Nieto, se destina ese recurso para atender las necesidades más apremiantes de estados en los que la miseria y el hambre es una realidad que duele y lastima a los mexicanos? Fue una interrogante más, que leí con detenimiento hace unos días, y que también es harto pertinente y valida.

En nuestro país, su país, el mío… de unos años para acá, se han agudizado las desigualdades sociales en todos los sentidos. Para nadie es nuevo afirmar que los ricos se hacen más ricos y los pobres más pobres, y hay razón para creer y sustentar esto. De nosotros, de la sociedad en su conjunto, depende que las cosas cambien y que cobren otro rumbo y sentido. El voto es un buen ejercicio.

Hacer conciencia sobre este y otros asuntos es una necesidad más que apremiante; porque el apoyo, la ayuda, las aportaciones que el gobierno deba hacer en este rubro, no deben ser “vistas” como un favor que tal o cual funcionario hace con relación a un hecho, lamentable como éste, sino más bien, como una obligación para con sus ciudadanos. Tal parece que solicitar recursos del Fondo Nacional de Desastres para la atención inmediata de estas poblaciones, es una plegaria que se lanza a quien por su propia obligación tiene que hacerlo. No, no se trata de favores, sino de cumplir con las responsabilidades que son inherentes a los cargos que son ocupados por estos servidores públicos. Y es que el pasado sábado escuché decir a algún funcionario del gobierno federal que hacer llegar los recursos y las ayudas a los pobladores de Oaxaca y Chiapas iba a ser harto complicado dadas las dificultades que podrían encontrarse en el traslado de víveres y demás enseres domésticos, situación que me llevo a cuestionarme que si es complicado, es porque esos estados, han estado prácticamente olvidados por cuanto gobierno federal ha pasado por Los Pinos.

Ojalá, y esos políticos y servidores públicos se pongan a hacer su trabajo, pero su trabajo en serio. Que esos apoyos y esas ayudan lleguen no importando el color partidista del cual provengan. Hartos y cansados estamos los mexicanos, de que varios “politiquillos de cuarta” se cuelguen la medalla que le ha costado al pueblo.

En este sentido, es que manifiesto mi admiración por un pueblo, al que me siento orgulloso de pertenecer, como es el pueblo de México; quien, a pesar de las circunstancias y los pesares, sigue manifestándose solidario, fuerte y firme, en ese afán de ayudar a su prójimo. Ayudemos pues a estos connacionales, demostremos ser solidarios, porque en ello, esta la fortaleza de México.

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