Creernos dueños

P. Ranulfo Rojas Bretón

Uno de los grandes males de la humanidad, desde mi punto de vista, es que hemos olvidado nuestro origen y nuestra misión en el mundo. La parábola de Jesús conocida como la de “los viñadores homicidas”, puede ayudarnos a recobrar la memoria. En ella se nos narra que un Señor (identificado como Dios) forma una viña (el mundo) y la arregla muy bien, es decir, la hace hermosa y productiva, todo lo hace bien, tal como nos lo relata el libro del Génesis, y la da en renta a unos viñadores con la tarea de hacerla producir y entregar el producto de la renta a su tiempo. La parábola narra que llegado el tiempo de la vendimia el Señor manda a  servidores a pedir la parte acordada y ahí es cuando los viñadores no quieren cumplir. Agreden a los servidores y finalmente matan al hijo del dueño con la idea de apoderarse de la propiedad.

Me parece que el hombre siempre se ha sentido efectivamente “cuidador del mundo” y ha cumplido su tarea, pero, no falta la tentación de hacerse creer dueño y pensar que puede hacer con el mundo lo que quiere, y es cuando comienza a violentar todo tipo de leyes, las de la naturaleza y provoca el calentamiento global, las de la sana convivencia y comienza a agredir al otro y genera guerras, las leyes del orden biológico y quiere anular las diferencias de género al grado de querer dejar a la libertad y a la libre elección ser hombre o ser mujer.

En lugar de ser transformador y de cuidar la viña, me parece que nos hemos dedicado a destruirla y con ello nos estamos destruyendo. Cada vez hay más enfermedades, epidemias, huracanes, movimientos de tierra, etc., que si bien todos tienen explicaciones naturales, también debemos reconocer que lo hecho por el hombre ha contribuido al deterioro ambiental.

El hombre en muchas ocasiones “ha jugado a ser Dios” y en ello nos ha ido situaciones de muerte. No debemos olvidar que efectivamente el administrador, también es co creador, que estamos invitados a mejorar este mundo pero no estamos autorizados para deteriorarlo y dañarlo. Al final de todo, la conciencia que debemos tener es que el mundo no es nuestro que solo nos los “han rentado” y que en algún momento saldremos de él.

Algo que relata la parábola es lo que muchas veces queremos olvidar: “a los viñadores se les pedirá cuentas”. Todo administrador tiene que rendir cuentas y a cada uno de nosotros se nos pedirá cuentas de lo que hemos hecho con nuestro cuerpo, con nuestra vida, con nuestras familias, con nuestra sociedad, con nuestro mundo. Nadie se irá por la libre y nadie podrá escapar al juicio. Esto da miedo, pero solo si es que no estamos cumpliendo nuestra tarea, porque para quien está haciendo lo que debe, para quien está poniendo de su parte para hacer el bien, el juicio no le preocupa. Es como para el estudiante que se ha preparado, el examen no es preocupación.

Así que debemos tener conciencia de varias cosas: somos administradores, no dueños y continuamente se nos pide entregar la parte de los frutos que debemos ofrecer. Al final habrá un juicio sobre nuestra labor en este mundo, así que hay que ponerse las pilas y hacer la tarea. No nos creamos dueños ni de la vida ni del mundo.

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