Proceso electoral 2018

Alfonso Sánchez Anaya

De acuerdo al calendario electoral el proceso para el 2018 se inició el 8 de septiembre, el 21 de octubre es la fecha límite para que los partidos definan el procedimiento para la elección de candidatos y el 13 de diciembre deben de presentar las solicitudes para registrar los convenios de coalición.

Para todos los mexicanos que estén dispuestos a votar, esta fecha de diciembre es importante para saber a ciencia cierta cuáles serán las alianzas políticas.

Los partidos que transparenten sus recursos y los requisitos para ser candidato (a) darían un ejemplo de su quehacer democrático, sin embargo, la realidad que hemos vivido es todo lo contrario.

A través de los medios de comunicación se han difundido las cantidades que reciben los partidos por concepto de prerrogativas y el costo de todo el proceso electoral. Se dice que gastarán 25 mil millones de pesos; otro tanto de recursos, ilícitos, para regalos, propaganda, despensas y compra de votos, etc.

De acuerdo con ACEPROJECT.ORG. Nuestra democracia es de las más caras del mundo. El costo aproximado por elector es de 106 pesos, el de Chile es de 21.6 pesos, Estados Unidos y los países Europeos gastan de 18 a 54 pesos en sus procesos electorales.

Los recursos al término de la elección del 2018 se traducirán en los cargos de Presidentes Municipales, Diputados Locales y Federales, Senadores, Gobernadores y Presidente de la República.

Como consecuencia de un proceso tan costoso, la mayoría de los mexicanos no viven un ambiente de crecimiento económico, seguridad pública, honestidad, responsabilidad social y respeto a las leyes.

Al contrario, hay un hartazgo por la impunidad, corrupción e inseguridad pública, por lo que consideran que el gasto en los procesos electorales son un despilfarro.

Hace unos días en la Cámara de Diputados se dio un lamentable espectáculo.

Ahora resulta que el hecho de tomar la tribuna, con pancartas y lonas, tan criticado por el PRI, ese día decidieron encabezarlo los priistas; agresiones, insultos, propuestas demagógicas y jalones: esos son nuestros representantes.

En una lucha descarada por obtener la simpatía de los votantes, en una subasta vergonzosa, debatir y tomar la tribuna por razones de justicia social, de defensa del patrimonio nacional, de los derechos humanos, de la libertad de expresión, es una última instancia, no recomendable.

Lo acontecido en la cámara de diputados es una muestra, un aviso de lo que nos espera en el proceso electoral de 2018; lucha sin cuartel, descalificaciones y calumnias.

Todos los mexicanos o la gran mayoría, no hemos perdido la esperanza de que los que hoy aspiran a un cargo público nos conduzcan por un camino diferente, con propuestas claras, reales, que disminuyan la pobreza y desigualdad que vivimos.

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