Panotla, un caos administrativo y político

Abelardo Carro Nava

Tengo claro que el ejercicio público, de cualquier naturaleza, pero público, trae consigo una responsabilidad importante. Así lo he podido comprender y constatar en estos años en los que llevo ejerciendo la docencia pero, también, del que se desprende cuando por azares del destino, nos insertamos en el mundo de las letras.

Dicho lo anterior, reconozco que el concepto “administración”, así tal cual no los plantea la teoría o los clásicos de la administración, suena bonito y es bonito, porque como tal, implica la sucesión de procesos que considera la planeación, dirección, ejecución, control y evaluación de las cosas. No obstante la aparente belleza que rodea es este término, éste parece difuminarse cuando la realidad toca nuestras puertas. ¿Cuántos nos hemos preguntado por qué no me alcanza el dinero o el tiempo?, ¿por qué con los recursos que tengo no puedo desarrollar tales o cuales acciones?, ¿por qué lo que he planeado para el día no resulta lo esperado? Pues bien, las respuestas se encuentran precisamente en esa “realidad” a la que hago referencia. Y es que mire usted, hay de realidades a realidades, y las que hoy vivimos, de manera individual y colectiva, han propiciado que los esquemas teóricos no tengan ni adquieran el sentido que, tal vez, conocemos.

Ahora bien, llegando a este punto de la lectura, usted con seguridad se preguntará a qué viene toda esta seria de ideas que se me están planteando y que nada tienen que ver con el título que da entrada a las mismas. Pues bien, dichas ideas tienen bastante sentido si volteamos a ver el lugar o espacio en el que nos encontramos viviendo, de manera particular, quiero referirme al municipio en el que he crecido y me he desarrollado hasta este momento.

Como seguramente usted sabrá, Panotla, es una de las municipalidades que, en su conjunto, forma parte de mi bello estado de Tlaxcala. Sobre su historia no hablaré mucho al respecto, dado que no me alcanzaría el espacio ni el tiempo para ello, pero si de lo que me preocupa y ha ocupado de unos meses a la fecha.

Este municipio, ha tenido la maravillosa y extraordinaria oportunidad de ver cristalizado aquello que se conoce como alternancia política, creo, más que ninguno de los de la entidad tlaxcalteca. Tal vez se deba a que en dicho municipio habitan personas que han optado por dedicarse a la docencia y, como es sabido, su ejercicio reflexivo, suele considerar varias opciones antes de emitir un voto, o bien, porque en su conjunto, las comunidades que conforman tal municipalidad, tienen graves problemas socioeconómicos y culturales, que hacen que cualquier “politiquillo” con ínfulas de un gran político, pueda “convencer” a los ciudadanos para que voten por él. En cualesquiera de los casos, repito, éste es un municipio, donde esa vieja idea de que la alternancia podría generar grandes cambios, es y ha sido, eso: una vieja idea. Tan es así que, para acabar pronto, la actual presidencia municipal está a cargo de un joven político, emanado de las huestes izquierdas-perredistas, que no ha logrado ni ha comprendido que prometer en campaña, no es lo mismo que gobernar un pueblo.

¿Inexperiencia?, ¿falta de visión?, ¿escasa preparación para el ejercicio público?, pueden ser algunos de los factores que han llevado al territorio planotense, a vivir uno de los peores momentos de su historia. ¿Por qué? Sencillamente porque nada pasa, salvo los escándalos en los que se ha visto involucrado el presidente municipal y de los cuales la comuna habla cotidianamente. Así de simple, así de complejo.

Tengo claro que cualquiera que ingresa a los terrenos administrativos y de gestión pública, debe establecer un orden y sentido de las cosas a través de un liderazgo firme y decidido; sin embargo, ese es un aspecto que en lo que va de este gobierno municipal, no se ha observado y, mucho menos, en la forma en que administra los recursos que de éste se desprenden.

¿Por qué salir a las calles y pedir un voto si una vez que la ciudadanía le ha obsequiado la gran oportunidad de gobernar a un pueblo no hace ni lo uno ni lo otro? Como sabemos, el ejercicio público encierra una enorme responsabilidad y, lo que se ha visto, conocido y leído hasta el momento en el presidente en comento, es una falta de responsabilidad que raya en el exceso. Si esto no fuera así, ¿por qué los servicios públicos no operan como deberían de operar?, ¿por qué las áreas sustantivas de gobierno brillan por su ausencia?, ¿por qué la seguridad pública sigue causando pesares a varios ciudadanos en sus respectivas propiedades?, ¿por qué no hay transparencia en el uso y destino de los recursos que llegan de la federación y del estado?, ¿por qué no hay administración? Por qué, simple y llana pregunta que no acaba de encontrar respuesta.

No, no se trata de juzgar sin tener un claro conocimiento sobre los hechos. Varios ciudadanos de esta municipalidad coincidirán conmigo. Otros, como parece lógico, pensarán lo contrario, y están en su derecho. No obstante, si usted revisa las preguntas y formula algunas respuestas, podrá darse cuenta que éstas parten de hechos concretos y no de fantasías.

Considero pues, que el Ayuntamiento como tal, está a tiempo de tomar el rumbo y dirección para lograr un desarrollo eficaz y eficiente de su propia administración y de una sociedad que por muchos años ha visto pasar a varios políticos emanados de diversos partidos políticos, quienes, para acabar pronto, se han llevado hasta la cubeta de dicho Ayuntamiento.

Esperemos que así sea. Es decir, que se ponga y se pongan a trabajar. Bien dicen que la historia juzga a los hombres y, como podrá darse cuenta, el presidente municipal comienza a marcar la suya, lamentablemente a partir de los escándalos y no por su trabajo al frente de una administración que hace agua y que no ve para cuando adquiera rumbo y sentido.

Tiempo al tiempo.

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