El cáncer de la corrupción

Alfonso Sánchez Anaya

Innumerables reuniones en la Cámara de Diputados, Senadores y Secretarios de Estado, Gobernadores y Presidentes Municipales con el propósito de analizar, legislar y debatir para proponer leyes, sistemas de control contable e instituciones para combatir la corrupción.

Hasta ahora es una batalla perdida, no obstante la decidida participación de la sociedad a través de sus organizaciones.

Información de analistas especializados en el tema a nivel nacional e internacional indican que sus mediciones ubican a nuestro país como uno de los más corruptos de Latinoamérica y del mundo.

El desvío de recursos, robo e instrumentación ineficaz repercute en la población, además que limita la aplicación de los fondos en programas vitales para el mejoramiento de las condiciones de vida de la gran mayoría de los mexicanos, esto genera desconfianza en los empresarios nacionales y extranjeros.

Es un problema que se repite año con año, más bien, día con día; parece que ya nos acostumbramos y además de que lo sabemos, se padece en una gran parte de la población.

Educación, salud, alimentos básicos, vivienda, medio ambiente, seguridad pública son los derechos de todo el pueblo, derechos de carácter universal que no se respetan a cabalidad y en buena medida por este cáncer social llamado “corrupción”.

¿Quién o quiénes son los sujetos obligados a combatirla y poner el ejemplo de honestidad y responsabilidad? Sin lugar a dudas representantes de los tres niveles de gobierno, los tres poderes, ellos guían, conducen y aplican los recursos económicos que se derivan de nuestros impuestos. Recordemos que la palabra convence pero el ejemplo arrastra.

Por supuesto que también es un asunto de la sociedad, hay empresarios pequeños, medianos y grandes que prefieren el camino de dar una comisión para conseguir o cuando menos facilitar sus objetivos medidos en utilidades, es decir, dinero.

Lo que debería ser a mi juicio es recordar siempre que como seres humanos primero es ser, deber ser y por último tener, estos principios se trastocan y lo que importa es tener, no importa cómo lograrlo, los principios y leyes se dejan a un lado o se violan y así pagan justos por pecadores.

La sociedad en todo el mundo, y más en nuestro país corrupto, valora al que más tiene, mejor casa, vehículo, ropa, viajes, joyas, capital, etc., y olvida y menosprecia al ser humano responsable, respetuoso de su vida y de la de los demás, trabajador y honesto, dispuesto a servir y cuidar a su familia, el entorno social y al medio ambiente.

Una sociedad sin valores y principios está destinada al fracaso.

“Una luz en el camino” es la Auditoría Superior de la Federación, ha trabajado con claridad en la supervisión y evaluación de cómo actúan las instituciones y personas responsables en la aplicación y manejo de los recursos públicos y envía la información correctamente analizada y con documentos que sustentan sus observaciones a las instituciones federales y estatales, así como cuando el caso lo amerita, a la Procuraduría de la Federación.

¿Qué ha pasado? Pues la mayoría de los casos no se aplica la sanción o pena que se deriva de las pruebas y se envía al archivo cuadrado, es decir, a la basura.

¿Por qué me atrevo a comentar que hay una luz?

Porque se modificó la ley y ahora la Auditoría Superior de la Federación puede seguir el caso hasta su resolución final, como se dice “ya tiene dientes”.

En 15 días la Cámara de Diputados deberá elegir la terna dentro de los 41 aspirantes que se han postulado para dirigir esta importante institución y en este mismo plazo deberá designarse al Director.

Dentro de los aspirantes registrados hay gente con mucha experiencia en la materia, preparados y honorables, confiamos en que ahora sí los diputados cumplan con la responsabilidad que tienen de seleccionar a la persona que reúna todos los requisitos sociales y legales para poder, desde esta institución, combatir frontalmente la corrupción.

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