El dedazo priista, el mayor circo de la historia

Abelardo Carro Nava

Y el presagio se cumplió; y en días pasados, los priistas ungieron prácticamente a su candidato a la Presidencia de la República. Como seguramente tiene conocimiento, al más puro estilo del Partido Revolucionario Institucional (PRI), el dedazo cobró forma y sentido en pleno Siglo XXI. Sí, así como lo leyó, en pleno Siglo XXI; y es que mire usted, si por un momento llegamos a pensar que esos tiempos en el que los dinosaurios habían desaparecido de la faz de la tierra, pues no, nos equivocamos por completo. Las huestes del partido tricolor hicieron lo propio y acomodaron las cartas para que José Antonio Meade (ex Secretario de Hacienda y no sé cuántos cargos más ocupó en este y otros sexenios) registrara su candidatura ante la comisión encargada para ello.

Esto se veía venir, y varios colegas de la pluma y letra que hemos escrito innumerables columnas y artículos de opinión, ya lo habíamos señalado.

Vaya, para nadie es desconocido, que desde que se empezaron a realizar las Asambleas Nacionales para definir los mecanismos a través de los cuales los posibles candidatos se registrarían en el PRI, los dados estaban cargados para que este personaje se registrara, tal y como así ha sucedido.

Meade, independientemente de las credenciales que son dignas de aplaudir y reconocer, dada su trayectoria académica y profesional, fue el indicado. El lastre que viene dejando en todos estos años el gobierno peñista no daba para otra cosa. Obviamente, se tenía que considerar a un “político” que no trajera en sus espaldas, la serie de infortunios y lamentables acontecimientos como los de Atenco o Ayotzinapa, para que pudiera posicionarse en el electorado mexicano pero, sobre todo, que éste marcara una “sana” distancia con los que ciertos gobernadores de esa nueva generación de priistas destacados, provocó en sus estados. Si esto no fuera cierto, habría que preguntarles a los habitantes de dos estados, Veracruz y Chihuahua, su opinión sobre esos personajes que hoy día, enfrentan cargos por desvío de recursos y quién sabe cuánta lindura más.

El tema que obviamente perseguirá a este “precandidato” es el que todos conocemos y el que difícilmente se podrá quitar de encima; me  refiero pues, a la corrupción que ha caracterizado a este sexenio. Temas como la Casa Blanca u Obredecht, lo perseguirán en demasía, pero también, toda la serie de asesinatos a periodistas, desapariciones forzadas, lucha contra un supuesto narcotráfico, y casos más graves, como el que ya refería (Atenco), y que tienen que ver con la violación de los derechos humanos de varios ciudadanos de este país, se han hecho latentes y más que evidentes en estos cinco años de… ¿gobierno?

No sé qué tanto la CTM, la CNOP, la CMC, y demás organizaciones que supuestamente apoyaron ipso facto la designación del ungido por el dedo peñista, lo hagan en su momento; es decir, la foto que se tomaron fue bonita y salió en varios medios de comunicación. No obstante, habría que preguntarle a esos obreros, a esos campesinos, a estos trabajadores que día a día se parten el lomo por ganar unos cuantos pesos que son parte de ese mísero salario mínimo, si apoyarían las aspiraciones presidenciales de ese candidato que fue parte del gasolinazo, la reforma laboral, la energética, la educativa; en fin, de todas esas supuestas reformas “estructurales” que no han traído más que miseria y altos niveles de corrupción en México.

Toda la faramalla, la simulación y el maquillaje, todo el espectáculo mediático que se ha orquestado para presentar a un político que de buenas a primeras piensa que podrá posicionar a nuestro país en los cuernos de la luna, es harto absurdo y ridículo, porque por más que se diga lo contrario, éste representa toda esa corrupción, desigualdad, injusticas, inequidad, y demás aspectos que desprenden del gobierno de Peña Nieto.

El problema en sí no son las credenciales de Meade, tampoco el que tenga una larga trayectoria en el ejercicio público; el problema en sí, está en la miseria en que este gobierno ha mantenido, sostenido y sumido, a más de 50 millones de mexicanos. ¿Acaso pensará hacer magia y con una varita mágica acabará con los problemas que Peña Nieto generó y sigue generando durante este sexenio? Quisiera pensar que sí lo piensa y considera, aunque personalmente lo dudo, porque esos problemas y esas dificultades seguirán presentes dada las complejidades que en materia económica, política, social y cultural prevalecen no solo en México sino en el mundo entero.

Así las cosas, los mexicanos de ahora en adelante seremos testigo del mayor circo de la historia. Los spost inundarán las cadenas televisivas, los medios impresos harán su agosto con todos los partidos políticos, los proveedores de gansitos y “frutsis” se llenarán los bolsillos de dinero… ¿y el pueblo?, ¿su gente?, ¿esos más de 50 millones de mexicanos sumidos en pobreza y pobreza extrema? Sí, con seguridad adivinó usted, seguirán padeciendo la serie de eventos desafortunados que la “clase política” minimiza y que cataloga como situaciones fortuitas, por ejemplo, el incremento de la violencia, inseguridad pública y muerte y desapariciones forzadas de cientos de personas que como usted o yo, luchan diariamente por llevar un pan a casa.

En fin, tiempo al tiempo.

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