El presidente reconoce que no creceremos un 4% sino un 2%

Tlaxcala, Tlax; 2 de abril de 2019 (Pulso) La ceguera colectiva de lo que pasa a nuestro alrededor comúnmente se da porque no nos impacta de manera directa. Por ello  el  valemadrismo de la población impera  cuando hay temas como el bajo crecimiento económico que tanto se criticó en campaña.

 A cuatro meses de gobierno, por fin el presidente Andrés Manuel López Obrador reconoció que el país no alcanzará el 4% de crecimiento económico y anticipa que solo creceremos un 2% en 2019 y 3% en 2020.

Así lo reconoció en su última conferencia matutina.

Dijo que “La proyección que presentó Hacienda al Congreso es un estimado prudente y conservador”.

Por su lado la agencia calificadora Fitch Ratings, en un comunicado,  advirtió sobre la inquietud de los inversores tras el inicio de la presidencia del izquierdista Andrés Manuel López Obrador.

En este mismo orden de ideas, la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) estimo que la región cerrara el año con una expansión de 1,7%, mientras que el Instituto para el Desarrollo Industrial y el Crecimiento Económico (IDIC) prevé que la economía mexicana crecerá entre 0.8% y 1.5% en 2019.

Durante el foro La Nueva Política Económica-Industrial en el Plan Nacional de Desarrollo, José Luis de la Cruz Gallegos, director general del IDIC., refirió que el recorte que prepara la Secretaria de Hacienda y Crédito Público (SHCP) para 2019, dañará la inversión pública.

Ante este panorama es evidente que urge dejar atrás lo prometido considerando que México no es el país mediocre que nos pintaron en campaña por lo que  no debemos optar por marginarnos de los temas que impactan a nuestra sociedad, fingiendo que no nos afectan.

Debemos reconocer que aunque el crecimiento del 2.4% en  promedio de las últimas décadas fue insuficiente debemos dejar a un lado la ceguera  y partamos de bases reales como el crecimiento en vivienda, infraestructura, ventas de vehículos,  capacidad turística, que muestran crecimiento sostenido.

Es cierto que la corrupción y la impunidad fueron extraordinarios temas que en campaña se pusieron en la mesa para hacer creer que todo está mal y se convirtieron en  ingredientes  destructores de lo que podría haber sido un grado de avance mucho mayor y ahora debemos reconocer que esos excesos fueron posibles por la enorme pasividad y ceguera de quienes pudimos haber hecho algo para denunciar esos excesos.

Pero no podemos seguir lamentándonos de lo ocurrido. Es momento de  tomar consciencia por lo que no hicimos para no caer en los mismos errores y debemos reconocer y tener claro que con buenas intenciones no resolveremos los problemas.

El reto es formidable, la ciudadanía debe ser participativa, no solo para evitar convertirnos nuevamente en cómplices,  porque ahora el riesgo es que no solamente no se corrija lo que no ha funcionado, sino que también se corre el riesgo de que lo que sí funcionaba se derrumbe.

El riesgo es delicado pues estamos entrando a una zona de turbulencia económico-financiera y el impacto de una desaceleración mundial, combinada con  una lesión a la confianza en México por la pérdida del grado de inversión puede generar una sistemática fuga de capitales.

Lo referido no pretende que entremos en  ser fatalistas, sino más bien previsores. Por ello, más vale que dejemos atrás las confrontaciones y busquemos como potenciar cada sector sin olvidar que en nuestras manos esta que podamos crecer día a día por el bien de nuestras propias familias.