Tlaxcala, Tlax; 28 de julio de 2026 (David Rodríguez) Una hora antes de exhalar el último aliento aquel 26 de julio, con la serenidad de quien presiente el desenlace, Alfonso Sánchez Anaya miró a su esposa, María del Carmen Ramírez García, y le legó su última certeza:

“Me voy en paz de Dios; serví al pueblo de Tlaxcala y lo amé, amé a mi familia y amé a mis amigos”.

Él ya sabía que se iba. En ese espacio íntimo de la despedida, ella le devolvió la gratitud de toda una vida compartida: “Dios fue muy grande y quiso que nos encontráramos; somos felices y nos amamos siempre, en las buenas y no tan buenas”.

El homenaje de Estado

La mañana del martes en Tlaxcala comenzó con un cielo cerrado, de un gris espeso y melancólico que parecía sintonizar con el luto del pueblo. El termómetro marcaba la tristeza antes que los grados, y la neblina ligera abrazaba los muros de Palacio de Gobierno como un velo discreto.

A las 9:00 horas, el silencio de la Plaza de la Constitución se rompió cuando el féretro de caoba cruzó el umbral del recinto al compás de “Las Golondrinas”, interpretadas por el mariachi. Un estallido de aplausos hizo vibrar aquellos muros que guardan miles de historias de quien gobernó la entidad entre 1999 y 2005.

Adentro, en el patio central, el ambiente era de una contención quebradiza. El ataúd descansaba rodeado por coronas de flores blancas que exhalaban un aroma a despedida. Ahí estaba su núcleo más sagrado: su esposa, sus hijos, sus nietos y un nutrido grupo de personalidades del sector público, social y empresarial.

Sus rostros reflejaban el vacío inmenso de perder a un líder, a un padre y a un compañero de vida. No había protocolo que pudiera maquillar el temblor en las manos de quienes compartieron con él la mesa y las anécdotas sazonadas con refranes populares.

Durante la ceremonia oficial, la senadora y exgobernadora zacatecana, Amalia Dolores García Medina, tomó la palabra con la voz quebrada por la incredulidad:

“Es muy doloroso saber que ya no tendríamos esas conversaciones, esa alegría, esas risas saliendo desde el fondo de Alfonso…”

Evocó su retorno a Tlaxcala tras egresar de la UNAM, su decisión inquebrantable de caminar junto a los campesinos y aquel histórico enero de 1999, cuando rompió con décadas de hegemonía tricolor para convertirse en el primer gobernador de izquierda del estado.

Por su parte, su hijo, Alfonso Sánchez García, habló desde la fibra más íntima del amor filial:

“Antes que cualquier cargo, fue mi padre”, expresó, recordando que el mayor deseo de su progenitor al dejar el poder era caminar por las calles de su tierra con la paz del deber cumplido y la recompensa de escuchar un sencillo “gracias” de boca de un ciudadano común.

La gobernadora Lorena Cuéllar Cisneros sumó su reconocimiento institucional, destacando que bajo la administración de Sánchez Anaya la entidad alcanzó el quinto lugar nacional en desarrollo económico, se crearon parques industriales limpios y se
consolidó una forma de gobernar con el oído siempre atento a los más humildes.

Los contrastes durante la despedida

El patio del palacio reunió a personalidades como el exgobernador Mariano González Zarur, pero también se notó la marcada ausencia de otros exmandatarios como Beatriz Paredes Rangel, Héctor Israel Ortiz Ortiz, Marco Antonio Mena Rodríguez y José Antonio Álvarez Lima.

Sin embargo, la solemnidad se vio empañada por los contrastes de la vida pública. Mientras la familia guardaba un luto genuino, diversos alcaldes y funcionarios trataron el acto como un evento social más, donde las fotografías y los chascarrillos parecieron pesar más que el respeto en plena despedida, evidenciando la frivolidad que a menudo aflora en las esferas del poder.

Hacia el mediodía y antes de partir de Palacio de Gobierno rumbo a la parroquia de San José, el clima mudó: las nubes se abrieron para dejar caer un sol implacable. Bajo el calor intenso y entre los acordes de “El Rey”, la gente en la explanada se puso de pie para rendirle tributo entre vítores y aplausos al “arquitecto de la alternancia”.

La última parada y el reposo final

A la salida del templo donde se ofreció una última misa de cuerpo presente, y antes de trasladar el cuerpo a su natal Apizaco donde sería incinerado, María del Carmen Ramírez García compartió el destino final del exmandatario:

“Lo vamos a incinerar y va a estar en la capilla de la familia, donde lo recordaré como un gran hombre, como un gran marido que siempre me amó y me apoyó en todas mis locuras”.

Así, Tlaxcala cerró una página indeleble de su historia moderna, despidiendo al arquitecto de su transición democrática entre el dolor de su núcleo íntimo, las lágrimas sinceras de su pueblo y las inevitables contradicciones de la clase política.

Por Pulso-Red

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