Por América Montoya

Hoy me tomé la libertad de ocupar un espacio en PulsoRed para escribir con un nudo en la garganta. No desde la objetividad fría que tantas veces nos enseñó la maestra Susana Fernández, sino desde la gratitud profunda de quienes tuvimos el privilegio de aprender de ella, de escucharla, de equivocarnos frente a su mirada crítica y de crecer bajo su exigencia.

Para muchos de nosotros, Susana Fernández no fue solo la rectora de la Universidad del Altiplano. Fue la maestra que nos enseñó a respetar la palabra, a no escribir por escribir, a entender que el periodismo no es un trámite, sino una responsabilidad. Nos enseñó que una nota mal hecha también es una forma de injusticia.

PulsoRed existe, en buena medida, gracias a ella. Porque fue Susana quien insistió en que los estudiantes no solo debíamos aprender teoría, sino hacer periodismo real, con errores, con presión, con ética. Aquí nos corrigió titulares, nos cuestionó enfoques y nos recordó —más de una vez— que el periodismo no se hace para quedar bien, sino para decir la verdad con rigor y dignidad.

Quienes pasamos por sus aulas sabemos que no regalaba halagos. Su reconocimiento se ganaba con trabajo, con disciplina y con pensamiento crítico. Pero también sabemos que detrás de su carácter firme había una profunda convicción por la educación y por la formación de comunicadores comprometidos con su entorno.

Hoy despedimos a una mujer que abrió camino cuando no era fácil hacerlo. A una pionera del periodismo en Tlaxcala. A una rectora que defendió la universidad como espacio de pensamiento libre. Y, sobre todo, a una maestra que dejó huella en cada uno de nosotros.

Desde PulsoRed, decimos gracias. Gracias por enseñarnos que la palabra importa. Que el silencio también comunica. Y que el periodismo, cuando se ejerce con ética, puede transformar conciencias.

Su voz seguirá viva en cada texto bien pensado, en cada pregunta incómoda y en cada joven que decide tomarse en serio este oficio.

Hasta siempre, maestra Susana.

Por Pulso-Red

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