Tlaxcala, Tlax; 11 de marzo de 2021 (Pulso) Tengo la convicción de que lo que implicó el salto cualitativo de nuestra especie para convertirse en el género humano, para mutar y constituirse como humanidad, fue la construcción del lenguaje.

Ese hecho mágico, maravilloso, casi milagroso, que transformó el gruñido, el alarido, el aullido, en una sílaba, en la palabra armoniosa que concatenada con otras, daba un sentido, revelaba una intención.

Miles de años transcurrieron para que los mamíferos vertebrados se erguieran. Millones de años para que los sapiens lograran hablar, comunicarse.

En varias de las conceptualizaciones religiosas, la creación está ligada con la palabra, con el lenguaje, primero fue el verbo.

El nacimiento de las civilizaciones está ligado a poder hablar y a que tu interlocutor te entienda.

Está vinculado a la preservación de la historia a través de la tradición oral, primero, y después a través de la escritura.

El lenguaje es inherente a la condición humana, y el idioma, el conjunto de vocablos que constituyen un sistema que transmite ideas inteligibles a otros, es un producto esencial de una cultura, refleja su identidad y su cosmovisión.

Me congratulo de participar en este debate. Desde luego, respaldamos estas modificaciones constitucionales que consagran como lenguas nacionales la pluralidad de nuestras expresiones idiomáticas, correspondientes a las diversas lenguas indígenas existentes en nuestro país.

Me enorgullece que en este Senado haya varios colegas que hablan su lengua madre.

Esta es una reforma trascendental para la noción de lo mexicano.

Esta sociedad pluriétnica y pluricultural que en dolorosas síntesis articuló a decenas de pueblos a varias civilizaciones, en el espacio geográfico que hoy constituyen los Estados Unidos Mexicanos.

El propósito de persistir de nuestros pueblos originarios, su capacidad de resistencia, se refleja en que a pesar de todos los intentos de erradicarlos y de erradicar sus lenguas, sobre todo en las etapas más dramáticas de la conquista, en el periodo colonial, y como bien se dijo, en la etapa en donde pensábamos una cultura unitaria para el país, estos pueblos lograron preservarse y preservar generación tras generación sus lenguas originales.

Lenguas de pájaro melodioso, como la Purépecha. Lenguas con el poder la flecha, como la Mixe. Lengua de jade iridiscente, (“chalchíhuitl”) como Náhuatl.

La lengua que hablas incide en la formación de tus circuitos neuronales, integra no solo una forma de hablar en la vida, sino una manera de aproximarse a ella, una manera de comprenderla.

Felicito a la Comisión de Puntos Constitucionales por este dictamen. Reconozco la iniciativa presentada en la colegisladora, y valoro el enriquecimiento que hubo del dictamen.

Quiero concluir citando en castellano, al poeta más importante desde mi perspectiva, en la lengua Náhuatl, al señor Netzahualcóyotl, dijo el príncipe de Texcoco: “Con ansia yo quiero, anhelo la amistad, la nobleza, la comunidad; con cantos floridos yo vivo; como si fuera de oro, como un collar fino, como ancho plumaje de quetzal, así aprecio tu canto verdadero, con él yo me alegro”.

La lengua, el lenguaje, el idioma, el canto, es lo que nos ha permitido como sociedad humana trascender.

Qué importante que nuestra Constitución recoja que la trascendencia de lo mexicano nace con nuestras lenguasindígenas.

Muchas gracias, vamos a votar a favor.

Por Pulso-Red

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